Salvador de Bahía, el
corazón caliente de Brasil
Amanece a las cinco de la mañana en Salvador de Bahía, con una luz tibia que empieza a desperezar la ciudad. Desde hace horas, el bullicio se ha apoderado del Mercado do Peixe, el mayor mercado de pescado de la ciudad. El aire huele a sal, a hielo húmedo y a voces que se superponen. La subasta comienza temprano.
“Cincuenta, cuarenta y nueve, cuarenta y ocho, cuarenta y siete…”. Los números caen rápido, demasiado. Los vendedores niegan con la cabeza: los precios, dicen, ya no son lo que eran.
La noche anterior, los pescadores regresaron sin demasiada alegría. Las lluvias intensas de los últimos días empujaron a los peces hacia las profundidades del océano, lejos de las redes y de las manos curtidas que los esperan. Pero con abundancia o escasez, el puerto de Salvador nunca se detiene. Las barcas entran y salen, las cajas se llenan y se vacían, el mercado sigue latiendo como un corazón obstinado.
Es el mismo puerto que, décadas atrás, fue uno de los principales puntos de entrada de personas esclavizadas procedentes de África. Un lugar marcado por la historia, donde el tiempo ha ido superponiendo capas sin borrar del todo la memoria.